Titiritero, un oficio celoso con responsabilidad social

Titiritero, un oficio celoso con responsabilidad social

Más de tres mil funciones, muchas de ellas con obras originales, han ofrecido Rosina Larrañaga y Horacio Merchan desde hace 25 años, cuando formaron la compañía Titirimundi para dedicarse al mágico...

Más de tres mil funciones, muchas de ellas con obras originales, han ofrecido Rosina Larrañaga y Horacio Merchan desde hace 25 años, cuando formaron la compañía Titirimundi para dedicarse al mágico mundo de las marionetas.

En su taller de trabajo ambos dedican muchas horas de su vida para dar vida a sus creaciones, que “forman parte esencial de nuestras vidas” y en las que han debido superar crisis “como la de los años los 80”, cuando la televisión tuvo un gran auge y los muñecos fueron considerados algo pasado de moda.

Sin embargo ellos se han aliado a las redes sociales y tomaron nuevamente vuelo, pues los títeres tienen una magia especial que atrapa tanto a adultos como a niños por su frescura y creatividad, afirmó Rosina en entrevista con Notimex.

Horacio relató que cuando era estudiante universitario, cerca del domicilio de sus padres vivía un titiritero en una casa exótica; “era una gran atracción y tuve la oportunidad de conocerlo, le ‘chalaneaba’ y aprendí el oficio”.

En 1992, cuando montó la obra “La maya” de Alberto Mejía Barón, conoció a Rosina, de quien no solo se enamoró, sino con la cual formó una compañía: Titirimundi.

“A partir de entonces jamás hemos dejado de dedicarnos a esta actividad”, señaló Rosina, quien precisó que tenían contratos con la Dirección de Acción Social, Cívica y Cultural (Socicultur), dependiente del Departamento del Distrito Federal que se ha transformado en la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal.

Luego de “La maya” llegaron los montajes “El guajolote ecológico” y “El que quiso ir a la Luna”, con el que Rosina y Horacio ya tenían formalmente su compañía Titirimundi dedicada no solo a diseñar, elaborar y darle vida a sus marionetas, pues también escribían los textos de sus obras que siempre han llevado un mensaje positivo.

“Una regla para nuestras obras es que siempre aporten un mensaje positivo. No solo es entretenimiento, este lo usamos como el gancho porque para nosotros es una responsabilidad con los niños, la asumimos y procuramos dejar en el público algo bonito, que tanta falta hace”, destacó Horacio.

Agregó que los niños por naturaleza se distraen y captar su atención es difícil, de tal forma que si se les da un mensaje largo y denso se pierde la atención.

“Hay que buscar el equilibrio entre el chiste y lo divertido en el mensaje”, resumió Horacio, quien siempre incluye en los argumentos de sus obras, por lo menos, a los personajes del bueno y el chistoso.

Aclararon que el títere es cualquier objeto que se anima y al que intentan “darle vida”, mientras que las marionetas son exclusivamente las que se manejan con hilos. Si se trabaja con guante es guiñol, mientras que hay los que se manejan con varillas, sombras, manipulación directa, todos ellos son títeres.

Horacio y Rosina tienen la tarea de escribir los argumentos y de crear a los títeres, desde la idea de lo que van a hacer, escenografía y utilería, entre otras actividades que implica la producción teatral, mientras que en sus ratos libre se dedican a dar mantenimiento a los títeres.

Para Titirimundi las nuevas tecnologías no han sido un obstáculo que pudieran sentir, incluso una amenaza de que pudieran desaparecer el mundo de los titiriteros.

Lo único que han tenido que modificar son los tiempos “que hay que manejar dentro del espectáculo, que han sufrido una modificación debido a que ahora los tiempos de las imágenes digitales son muy veloces. Nos hemos tenido que adecuar a esa inmediatez y hay que tener un ritmo mayor”, explicó Horacio.

Más bien con lo que siempre han competido es con el número de titiriteros que surgen, añadió el especialista, quien además proporcionó un dato importante: son los papás quienes “en las últimas fechas han estado buscando espectáculos teatrales para llevar a sus hijos y desconectarlos del mundo digital”.

Los padres han visto en los títeres una solución para alejar a los niños de tantas horas de enajenamiento de los medios virtuales y a cambio “han recurrido a los espectáculos con contenidos nobles”.

“Esos adultos se convierten en niños y eso lo vemos en los rostros de todos los asistentes a nuestros espectáculos”, agregó Rosina divertida.

Muchos de ellos no disfrutaron en su infancia este “shows” debido “a la competencia que marcó la televisión” en la década de los 80, que causó una baja importante en la demanda de presentaciones con títeres, “aunado que para entonces la mayoría de espectáculos carecían de contenidos importantes”, precisó Horacio.

A partir de la década de los 90 “comenzó a refinarse el contenido, la idea y la imagen del títere ha evolucionado para bien”.

El surgimiento de los medios digitales ha beneficiado a Titirimundi, porque el teatro de títeres es muy íntimo y ahora toda la información que se desee, se sube a la red. Por esa situación, de ser un público pequeño de repente ya estaba abierto a todo el público.

Horacio subrayó que los medios digitales los han beneficiado mucho porque hubo muchas generaciones de antaño que nunca vieron y ahora, resaltó, desde casa se puede ver un espectáculo de titiriteros.

Por ello fue enfático al sostener que los medios digitales son para usarlos a favor y no como enemigos, para proyectar lo que se hace.

Rosina y Horacio han presentado sus espectáculos en diversos escenarios, entre ellos el Zócalo de la Ciudad de México, museos, ferias, escuelas, comunidades indígenas, hospitales, fiestas particulares, calles, jardines, parques, deportivos, auditorios, instalaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro, festivales, entre muchos más.

Ofrecer más de tres mil funciones solo es posible si se actúa en tantos escenarios como en los que han dejado su arte Rosina y Horacio, quienes cuentan con más de 20 obras originales, entre ellas: “Todos somos agua”, “La leyenda de los siete truenos”, “El monstruo de Frankenstein”, “Érase una vez la Revolución”, “La conspiración de 1810”.

Entre sus más de 200 títeres a los que dan vida se encuentran Frankenstein, Igor, Emiliano Zapata, Porfirio Díaz, Pancho Villa, Benito Juárez, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Miguel Hidalgo y Costilla, Don Quijote y Sancho Panza, por mencionar algunos.

Señalaron que los meses del año en los cuales tienen más demanda de presentaciones son abril y diciembre, con las pastorelas. También han hecho teatro de sombras, guiñol, marionetas gigantescas, exposiciones de títeres.

Otra actividad a la que se han dedicado es a la producción teatral, así como a elaborar guiones con enseñanzas como el respeto a la familia y el riesgo de la violencia, además de producciones para del Seguro Popular de salud, entre muchos más.

Su próxima presentación será a las 12:00 horas del 11 de noviembre en el plantel de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Juriquilla, Querétaro, mientras que entre sus próximos números prepararán un homenaje a David Bowie.

Merchant es egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) plantel Iztapalapa en donde estudió Hidrobiología, en tanto que Larrañaga estudio artes plásticas en la Academia de San Carlos, fue promotora cultural en Socicultur y formó parte de la iniciativa para pintar murales en 52 kilómetros de bardas de la Ciudad de México, entre 1982 y 1987.

Dejó todo para dedicarse al “hermoso oficio de los títeres, porque es muy celoso y a los oficios realmente hay que entregarse de lleno para que se tenga un buen resultado”.

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