Carbonería El Rosario, entre el pasado, el presente y el hollín

Carbonería El Rosario, entre el pasado, el presente y el hollín

Los primeros pasos de José Alberto Chimal fueron entre el carbón, el hollín y un montón de costales que viven en la Carbonería El Rosario, una de las más antiguas del barrio de Xochimilco, de la mano...

Los primeros pasos de José Alberto Chimal fueron entre el carbón, el hollín y un montón de costales que viven en la Carbonería El Rosario, una de las más antiguas del barrio de Xochimilco, de la mano de su padre fue conociendo los secretos de este combustible, cuyo uso, poco a poco es menos común.

De manera formal, él tomó las riendas del negocio desde hace 30 años, sin embargo, la carbonería ha dado calor a los hogares de quienes viven en Xochimilco desde mucho tiempo atrás, en ese sentido, detalló que el último permiso de operación data de 1967; sin embargo, el negocio ha estado en pie desde muchos años atrás.

La Carbonería El Rosario ya tenía una historia previa, pero fue hasta con don Valente Chimal, el padre de José, llegó a la Ciudad de México como casi todos los primeros pobladores de la gran urbe, con una mano atrás y otra adelante y muchas ganas de trabajar; Don Valente fue primero empleado para luego, con el tiempo, tomar el negocio entre sus manos y de ahí generar ingresos para su familia.

Con siste hermanos, José Alberto fue el único de su familia que continuó con la venta de carbón y comentó que algunos tipos de negocios van de más a menos y El Rosario vio sus mejores tiempos muchos años atrás, cuando la única forma de mantener el calor en los hogares era mediante el encendido de este combustible.

En ese sentido, explicó que antes el carbón era el “combustible de la vida”, todo el mundo usaba este material y los ingresos por la venta del mismo alcanzaban para cubrir las necesidades no solo de una familia, sino de varias, hoy, dijo, “apenas sale para los gastos”.

Ahora sólo un pequeño sector lo consume

Quienes sostienen las ventas de la carbonería El Rosario, ubicada en el barrio del mismo nombre y entre los vericuetos de una antigua vecindad, son aquellos que se dedican a la venta de alimentos como tamales, pollo asado y hamburguesas, así como quienes gustan de celebrar las tradicionales carnes asadas familiares dominicales.

“Antes bajaba mucha gente de los barrios de Santa Cecilia, Topilejo, San Salvador, San Francisco, venían a consumir carbón para poder calentarse y cocinar, ahora ya no, ya únicamente lo utiliza la persona que tiene negocio”.

Con la cara con algunas arrugas y los ojos aún jóvenes, Chimal añadió que otro de los factores que ha generado la disminución de la venta de carbón es que es más caro que el gas; en ese sentido detalló que un kilo de este combustible está en 11 pesos, y para atender las necesidades de un hogar se requiere una buena cantidad del mismo.

Años atrás El Rosario, de blancas paredes vestidas de hollín, abría sus cortinas desde las siete de la mañana, pero ante el cambio de las necesidades de consumo don José abre alrededor de las nueve de la mañana, luego de barrer prepara el material y comienza a esperar a que llegue la gente, al respecto detalló que las fechas buenas de venta son en las fiestas patrias o en temporada de frío, una vez entrada la primavera baja de manera importante la venta.

Chimal contó que antes el carbón llegaba de Tamaulipas y era de madera de ébano, pero de pronto subió de precio, por lo que ahora el abasto de este combustible proviene de Mérida, Chiapas y Campeche.

“Ya no es como antes, pero sí todavía hay algunas personas que se dedican a la venta del carbón aquí en Xochimilco, yo calculo como unos cinco o seis lugares donde todavía se vende carbón”.

Para Chimal la vida no es a veces tan fácil debido a que en ocasiones no llegan muchas personas a buscar carbón, “todos los negocios tenemos que estar acostumbrados a las altas y bajas, uno batalla mucho para cubrir una cuota de venta al día”, dijo.

Además, abundó, es consciente de que un día el cuerpo le va a pedir cuentas debido a los riesgos de salud a los que se expone por la venta de carbón, en específico, por las afectaciones en el aparato respiratorio.

Sin embargo, con el brillo de quienes aman su trabajo, dijo que ha pasado periodos sin ir a El Rosario, pero cuando vuelve, el aroma del carbón y sus costales, es lo que lo impulsa a continuar con sus actividades.

Con nostalgia Chimal recuerda a su papá y a todo el conocimiento que le regaló, no solamente del carbón ni del negocio, sino de las herramientas de vida que le dio; luego, entre risas comenta que jamás se aburrió de las historias que él le contaba, “no tenía yo otra cosa que hacer más que escucharlo y a ayudarle a vender carbón”.

“Cuando llego, el aroma, uno aprende a respetar el trabajo en el que está, respeto mucho mi trabajo, hago lo que tengo que hacer y gracias a Dios tengo ingresos”.

La herencia de El Rosario la persigue Eder, que con 27 años sigue los pasos de su padre, y aún cuando no se sabe si se quedará entre las paredes llenas de hollín y muchas historias, es el que más tiene interés, sostuvo con orgullo Don José.

Algún día se dejará de producir

En cuanto al uso del carbón, dijo con pesar, es algo que un día se dejará de producir, debido a que en la actualidad tiene más peso el cuidado ecológico que la necesidad de un combustible.

“Adoro mucho mi negocio, cuando estoy en mi casa me siento como león enjaulado, cuando llegó aquí a mi negocio me siento bien, es mi vida aquí, pero el carbón, más adelante tiene que acabarse, porque como combustible es muy bueno, pero se tienen que cortar muchos árboles para poderlo hacer”.

En cuanto a la manera de hacer el carbón explicó que antes en Tamaulipas se hacían bolones, es decir, se colocan troncos grandes y ramas a los lados que son tapados con paja y tierra de monte, luego, dejaban un hueco y lo prendían, el proceso duraba entre 15 y 20 días, además de que había que tratarlo con cuidado porque si le pegaba el aire o la brisa se despedaza.

A José el olor del carbón le recuerda a su papá, “es una cosa que se te queda impregnada en el cerebro, es muy difícil de compararla, porque ahí va toda mi niñez, todo mi crecimiento, yo siempre viví aquí (...) esta es mi vida, aquí yo crecí, por eso al oler el carbón me vienen muchos recuerdos de mi padre, estuve aquí con él compartiendo mucho tiempo”.

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