Debemos estar unidos, señalan afectados por sismo en Jojutla

Debemos estar unidos, señalan afectados por sismo en Jojutla

El sismo nos hizo saber que “somos frágiles ante la naturaleza y en un momento se acaba todo”, reflexiona la señora Georgina Sánchez Rueda, al pedir estar unidos y apoyar a quienes quedaron más...

El sismo nos hizo saber que “somos frágiles ante la naturaleza y en un momento se acaba todo”, reflexiona la señora Georgina Sánchez Rueda, al pedir estar unidos y apoyar a quienes quedaron más desprotegidos después del pasado 19 de septiembre.

“Estamos en estos momentos de la crisis y (que hace) falta de todo, pero hay gente que necesita más que nosotros, entonces, hay que compartir”, insiste la vecina de la colonia Centro en Jojutla, uno de los municipios más devastados por la fuerza del temblor de 7.1 grados.

Mientras permanece de pie sobre las calles Ricardo Sánchez y Carlos Pacheco, justo en la esquina donde estaba su vivienda, dice que si bien perdió gran parte de su casa-negocio, cocina, baño y dos cuartos de dormir-, da gracias a Dios que todos sus familiares -dos hijos y esposo- están vivos.

“Sí se cayó (mi casa) y quién sabe si podamos volver a parar algo, pero me habría dolido más si pierdo a alguien, una vida”, enfatiza la señora de 47 años de edad.

Dice que siempre ha vivido en Jojutla y, aunque de pequeña vivió el “otro” sismo de 1985, nunca había sentido alto “tan fuerte y feo” como lo que ocurrió hace 15 días.

Georgina Sánchez recuerda que aquella tarde del martes cortaba limones en su patio y después saldría a venderlos junto con sus dulces en un pequeño negocio que siempre pone en la esquina de su domicilio, y de pronto sintió que el movimiento de la tierra “me empujó hacia arriba”.

“Me abracé de un poste que está en el patio y, al pasar todo el movimiento, corrí a buscar a uno de mis hijos que trabaja en una tortillería de aquí cerca y no me percaté de que la casa había caído, sino hasta que regresé”, relata.

“Prácticamente se cayó todo. Estaba en shock y hasta la fecha sigo así”, refiere Sánchez Rueda, quien argumenta que es difícil tener un momento y espacio para entender lo que pasó, pues su atención está en colocar lonas y solucionar la falta de agua del lugar donde ahora se queda.

A unos cuantos pasos de la misma calle, la señora María Guadalupe Martínez Bustos espera a las brigadas para demoler su casa de tres niveles porque, aunque sigue de pie, podría colapsar en cualquier instante por los daños sufridos.

“Un S.O.S a las autoridades (…) para venir a tirar mi casa porque esta colapasada y con el riesgo de que caiga encima de los vecinos y les afecte a sus viviendas que no sufrieron muchos daños”, resalta.

Señala que es muy afortunada porque ese martes su mamá, de 92 años de edad, salió ilesa de aquel inmueble porque estaba sola y “la casa quedó como si la hubieran bombardeando, aunque aparentemente no se ve tan afectada”.

María Guadalupe menciona que minutos antes del terremoto había salido al mercado para comprar los alimentos para preparar la comida y, al estar a bordo de la combi, sintió el vaivén de la tierra porque ésta se detuvo y cayeron algunas de sus pertenencias sobre sus pies.

“Empecé a sentirlo, como un toro mecánico, y le pedí al chofer bajarme. Él no quería hacerlo, sino hasta que le grité: Bájame por favor porque mi mamá está sola”, abunda.

“Todavía sentí el temblor en la calle, veía como olas de cemento que se hacían. Me vine corriendo, perdí los zapatos, las casas se estaban viniendo abajo, comí tierra como nunca lo había hecho en toda mi vida; las piedras y los vidrios se caían”, recuerda.

Continua: “Cuando llegué a la Cruz Roja de Jojutla, ahí vi el santuario (Iglesia de San Miguel Arcángel) colapsado y dije: Dios mío, mi casa se cayó”.

Cerca de su hogar está un puente, conocido entre la población como “Puente de los Suspiros”, que sufrió severos daños y ahora impide el paso a las colonias Benito Juárez, Panchimalco, Tlatenchi, Los Arrozales, Del Bosque, la Unidad Habitación San Jerónimo y otras más.

La señora narra que al llegar miró el portón abierto y las dos casas de los costados “estaban tiradas, como sándwiches, y entré y mi mamá estaba paradita, con su cama llena de piedras que cayeron del techo”.

“Afortunadamente no le pasó nada (…) y le agradezco a Dios permitirme haber sacado a mi madre, que es lo que más quiero en esta vida, y lo demás no me interesa. Si vuelvo a tener casa qué bueno, si no, ni modo”.

A sus 66 años de edad, María Guadalupe dice que los sismos del 1985 y del 7 de septiembre del 2017, considerado el más fuerte en 100 años fueron duros, pero “nunca había sentido uno como este”, el otro del 19.

“Este fue horrible…, la gente lloraba, la gente corría, la gente gritaba, la gente empujaba; era la locura”, apunta y, en ese sentido, añade que esta situación “debe hacernos mejores como personas para ayudarnos unos con otros y decirnos te quiero”.

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