Veterano deportado de EUA, barbero en Tijuana, alberga pocas esperanzas

Para Miguel Hernández, veterano de guerra del ejército de los Estados Unidos deportado a México por Tijuana, no existen muchas esperanzas para regresar al que un día consideró como su país, confiesa...

Para Miguel Hernández, veterano de guerra del ejército de los Estados Unidos deportado a México por Tijuana, no existen muchas esperanzas para regresar al que un día consideró como su país, confiesa un poco abrumado.

Habla un español deficiente, el hombre, nativo de Piedras Negras, Coahuila y llevado a los seis meses de edad por sus padres a Estados Unidos, refirió que fue deportado luego de ir a la cárcel por manejar tomado.

“Nunca me habían detenido y esta vez que llegué a la cárcel me amenazaron con deportarme, nunca lo habían hecho y me cayó de sorpresa pues no pensé que me fuera a suceder algún día algo así, luego de haber servido en el Ejército”, dijo.

Barbero de profesión, recordó que peleó en la guerra de Vietnam de 1970 a 1972, donde fue herido en un pie por un fragmento metálico de mina, y aunque reconoció que no fue de gravedad, varios de sus compañeros sí murieron en esa acción bélica.

Luego de salir del Ejército, instaló una barbería en la que duró varios años, con tres empleados y muy bien equipada; sin embargo, al ser deportado a México, y al no tener familia en la ciudad de Fresno, de donde era oriundo, todo lo perdió.

Lamentó no saber en manos de quien haya quedado todo su equipo ni que haya sido de sus empleados ni que haya pasado con su negocio, y aunque ahorita está trabajando como empleado de una barbería ejerciendo ese mismo oficio, extraña cuando era propietario.

Incluso en el preciso instante en que era deportado, cuestionó ante los empleados del Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE), que haría en esta ciudad mexicana sin conocer a nadie, “y me dijeron sin ningún miramiento, que ese era mi problema”.

Recordó que fue el pasado 29 de junio cuando los miembros del ICE lo deportaron a esta frontera, y una vez aquí “me quedé mirando para todos lados, pues no sabía a dónde ir y lo primero que hice fue dirigirme al centro de la ciudad”.

El ex marine resaltó que desde que llegó se encontró con “gente buena”, pues pese a su corto español, al expresar su necesidad el primero que lo ayudó le regaló 60 pesos “no sabía ni cuánto era, me subió en un taxi y le pidió que me llevara a la Casa del Migrante”.

Ya una vez ahí y más tranquilo, se dedicó a planear lo que sería su vida; lo primero por lo que optó, fue por salir a conseguir trabajo en lo que fue su oficio, para ya no tener que depender de nadie y salir de manera digna de la casa de apoyo a migrantes.

También consideró que corrió con suerte luego de su primer día en Tijuana, pues desde luego encontró trabajo en una “barber shop”, barbería o peluquería, que es donde ahora labora y cuyos dueños “me consiguieron un departamento y me tratan bien”.

Ahora, expuso, al planificar de mejor manera su vida sin las emociones iniciales, reconoció que es posible que ya no pueda regresar a Estados Unidos, aunque se encuentra inscrito en el programa de U.S. Deported Veterans para solicitar el regreso.

A sus 61 años, Miguel Hernández se ha sentido emocionalmente estable, dice no quejarse de cómo lo han tratado en Tijuana, pues él es, según sus palabras, “una persona honrada, trabajadora y bien intencionada que cometió un error y todavía sigue pagando por ello”.

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