Rezo porque la guerra acabe pronto: víctima filipina de Estado Islámico

La sede administrativa de la provincia de Marawi se ha convertido en el cuartel general de las fuerzas especiales del ejército de Filipinas, inmersas en la liberación de la ciudad, que hace más de...

La sede administrativa de la provincia de Marawi se ha convertido en el cuartel general de las fuerzas especiales del ejército de Filipinas, inmersas en la liberación de la ciudad, que hace más de casi tres meses cayó en manos del Estado Islámico.

Las instalaciones también hospedan a cerca de 500 personas que huyeron de los enfrentamientos en Marawi, el centro musulmán más importante del país. Todos los días, impotentes, estos civiles son testigos de los bombardeos aéreos de las fuerzas armadas contra su ciudad, de la que ahora quedan casi solo escombros.

El pasado 23 de mayo los milicianos de Maute y Abu Sayyaf, dos grupos terroristas locales que han jurado fidelidad al Estado Islámico, tomaron el control de gran parte de Marawi, en la isla de Mindanao.

A pesar de que parecen destinados a tener que entregarse a corto plazo, los yihadistas, que ahora son solo unos 500 -armados hasta los dientes- contra siete mil soldados, no tienen ninguna intención de rendirse.

Desde el comienzo del asedio, el número de muertos ya ha superado los 550: desglosando cincuenta civiles, un centenar de funcionarios del gobierno y más de 400 yihadistas. Los desplazados, más de 400 mil, se encuentran dispersos en los varios centros de acogida de todo Mindanao.

Todos los desplazados que han encontrado refugio en el Immediate Refugee Camp, que es uno de los edificios de la sede provincial de Marawi ocupado por la actual situación de emergencia, repiten la misma frase: "El 23 de mayo pasé mucho miedo, sucedió todo de repente".

Todavía hay muchas dudas acerca de cómo una banda de un millar de extremistas, la mayoría de ellos originarios de Marawi, fueron capaces de tomar tan rápidamente una de las ciudades más importantes de las Filipinas sin que los servicios de seguridad se dieran cuenta de ello. Entre los desplazados hay quienes dicen que los yihadistas pagan unos 300 dólares al mes a los jóvenes que ingresan en sus filas.

"Era un martes -relata Johanessa L. Derogongah, una trabajadora social que participa en una ronda de visitas a los desplazados- y yo tenía una pausa para el almuerzo. Fue algo completamente inesperado”.

“Oímos disparos en el centro de la ciudad y al cabo de pocas horas ya corría la voz de que querían que Maute y Abu Sayyaf se apoderasen de Marawi. Mi familia y yo logramos escapar inmediatamente con los pocos objetos valiosos que teníamos. Vinimos aquí porque es el centro de acogida más cercano a la ciudad: no queremos estar demasiado lejos de nuestra casa", dice.

Y añade: "Es una situación muy triste. Nadie debería verse obligado a abandonar su hogar. Desde un edificio cerca de aquí se puede ver todo Marawi, es horrible. Se cae a pedazos. Por razones de seguridad, es difícil llegar a las zonas liberadas; el ejército da muy pocos permisos”.

“Cada vez que oímos la explosión de una bomba lanzada desde un avión temblamos, sobre todo los niños. Uno no se acostumbra a ciertas cosas. Esperamos que esta guerra acabe lo más pronto posible, y rezamos por ello", agega.

El edificio central de la sede provincial se ha convertido en el cuartel general de las fuerzas especiales de las Filipinas. Mapas, radios, retransmisores y radares son sus nuevos muebles. Los soldados duermen en hamacas y colchones colocados en los escalones de un pabellón de deportes adyacente al edificio.

Por todas partes hay cables en los que cuelgan la ropa lavada a mano por las tropas. En las pocas horas libres juegan al baloncesto, el deporte nacional filipino.

Dentro del complejo provincial también hay una mezquita. Actualmente quien se encarga de las funciones religiosas es Tuguranao Manardas Haji Saman, el gran imán de Marawi, que también huyó de los combates con su numerosa familia.

"Nuestra ciudad -dice- es el corazón del islam en Mindanao y en las Filipinas. Me entristece enormemente que la gente de Maute y Abu Sayyaf utilice el islam, que es una religión de paz, para destruir nuestra ciudad sagrada y para llevar a cabo su cruel plan. Han sembrado el pánico en Marawi matando a muchas personas inocentes, musulmanes y cristianos. Un día tendrán que rendir cuentas con Alá".

"No sé cómo ha podido ocurrir algo así -continúa el gran imán-, pero lo que sí puedo decir es que los habitantes de Marawi son buenos musulmanes. Si alguno de estos terroristas procede de Marawi se debe probablemente a una situación de pobreza y marginación”.

Señala que “lo que está ocurriendo en Marawi tiene que ser una advertencia para las autoridades filipinas, que tienen que hacer más por los segmentos más pobres de la población. De lo contrario, estos grupos criminales tendrán presas cada vez más fáciles para llevar a sus filas".

Las instalaciones hospedan también al Suicide Squad Rescue Team, una organización no gubernamental que trabaja para rescatar a los civiles que han quedado atrapados en Marawi debido a los combates entre el ejército y los yihadistas.

Formado por una treintena de personas, incluyendo médicos, pescadores, agricultores, pequeños empresarios y estudiantes, todos voluntarios, el equipo entra en acción tan pronto como recibe llamadas telefónicas de personas directamente involucradas o de sus seres queridos.

El nombre de la calle, el número de la casa y el color de las paredes o de la puerta de entrada a la casa son detalles vitales para localizar el lugar en el que intervenir.

"El tiempo –explica Abdul Aziz Lomondot, un miembro de la plantilla del Suicide Squad Rescue Team- es el factor más importante. Cada segundo cuenta. No siempre estamos seguros de que las llamadas que recibimos son realmente de personas necesitadas o una trampa de los terroristas para causar más muertes”.

“No escondo que siempre tengo mucho miedo cuando pongo un pie en de la casa de una persona para rescatarla, pero mis colegas y yo tratamos de darnos ánimos y procedemos. Hasta el momento siempre nos ha ido bien", admite.

Abdul enciende el ordenador para mostrar el vídeo del rescate que lo ha conmovido más en los más de dos meses que llevan de actividad: "Hace un par de semanas rescatamos a un anciano, un juez retirado. Cuando llegamos a su casa lo encontramos tirado en el suelo. Parecía muerto. Llevaba tres semanas sin comer ni beber. Además, no podía moverse por una herida que tenía”

“Su hijo, que tiene mi edad, estaba con nosotros. Me recordó a mi padre, tal vez por eso me impresionó tanto. Fue conmovedor. Con no poca dificultad logramos sacarlo, y ahora está bien. Misiones como esta hacen que crea que existen otros casos desesperados que atender. No sabemos el número de personas atrapadas, pero no nos detendremos ante nada para salvarlos a todos. Este es el mensaje que lanzo a los terroristas", asegura el rescatista.

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