Libros que solo existen dentro de otros libros: Del 'Necronomicón' a la 'Guía del autoestopista galáctico'

Libros dentro de libros
Un hombre lee un libro apoyado sobre el alféizar de una ventana... ¿o sobre un libro? (Riki Blanco)
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  • Los libros son tan fascinantes que a menudo se convierten ellos mismos en importantes personajes de otras obras literarias.
  • Sherlock Holmes escribió un libro sobre apicultura, Borges imaginó muchos en sus cuentos, Lovecraft logró que muchos pensaran que el 'Necronomicón' es real...
  • Para conmemorar el Día del Libro, recordamos algunas de las obras literarias inexistentes más célebres, novelas que sólo aparecen dentro de otras novelas.

Decía el literato francés Marcel Prévost que "el hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma". No exageraba. Son tan profundas las marcas que la literatura puede dejar en el espíritu del ser humano que Gustavo Adolfo Bécquer no dudó en afirmar que "el recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo".

Ningún buen lector pondrá jamás en duda ninguna de estas aseveraciones y menos aún en 23 de abril, Día Internacional del Libro. Los libros dibujan paisajes asombrosos, construyen personajes inmortales y narran vivencias insólitas que activan la imaginación y disparan las emociones. Son puertas mágicas que se encuentran por doquier, amontonados en bibliotecas, convertidos en software de modernos dispositivos, olvidados en aquella vieja estantería que hay en casa de la abuela o incluso ocultos dentro de las páginas de otros libros, pues resultan tan fascinantes que no es raro que formen parte o incluso protagonicen ellos mismos otras obras literarias.

El listado de libros dentro de libros es extenso y cuenta con algunos ejemplos tan populares como La historia interminable, donde el lector pasa a formar parte de un juego metaliterario en el que se supone que está leyendo el mismo libro que Bastián, el niño protagonista de esta novela de Michael Ende. En este caso, debido a la citada triquiñuela, podría decirse que el libro de La historia interminable sí existe, pero en muchos otros casos encontramos obras que jamás han sido impresas, tomos que sólo podríamos leer si fuésemos uno de los personajes de tal o cual novela.

Magia negra y nigromancia

Quizá el libro inexistente más conocido es el Necronomicón, el libro de los muertos, un grimorio ideado por el escritor de terror estadounidense H. P. Lovecraft. Dividido en cuatro tomos y supuestamente escrito por el árabe Abdul Alhazred, el Necronomicón alberga saberes arcanos que permiten contactar con entidades sobrenaturales. Sin embargo, su lectura provoca la locura o incluso la muerte. La obra aparece en multitud de escritos de Lovecraft y se ha convertido en un referente habitual del ocultismo y la magia negra, tanto en otras novelas como en el cine, los cómics y los videojuegos.

Esa gran popularidad del Necronomicón unida al desconocimiento de su origen hace que —aun a día de hoy— muchas personas busquen infructuosamente un ejemplar en bibliotecas de todo el mundo, especialmente en la Universidad de Harvard, en la Biblioteca Nacional de París y en la Universidad de Buenos Aires, donde Lovecraft fabuló que se conservaban sendas copias completas. Si alguna vez ha pensado en buscarlo, desista, hay maneras más eficaces de encontrar la locura y la muerte.

El libro prohibido

En el espeluznante mundo distópico imaginado por George Orwell para 1984, con una sociedad sometida a la constante vigilancia del Gran Hermano, el autor plantea la existencia de un libro prohibido, Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico, también conocido como El Libro. Su presunto autor, Enmanuel Goldstein, fue miembro fundador del partido, pero pronto se volvió contra el régimen dictatorial del mismo y fue considerado un contrarrevolucionario, un enemigo público que es dibujado por los líderes como la personificación del mal. En ningún momento queda claro si todo esto es cierto o tan sólo se trata de un mecanismo más del Gran Hermano para poner a prueba y controlar a la población.

La vena literaria de Sherlock y Moriarty

De la pluma del escritor escocés Arthur Conan Doyle nacieron dos de los personajes literarios más fascinantes del siglo XIX, el detective Sherlock Holmes y su némesis, el profesor James Moriarty. Ambos, hombres curiosos con grandes inquietudes y capacidades intelectuales, demostraron su interés por las ciencias y las letras en varios escritos muy peculiares. En la novela El último saludo, el lector descubre que Holmes, ya retirado a una humilde granja de Sussex, se ha aficionado a las abejas y ha publicado el libro Manual práctico de apicultura, con algunas observaciones sobre la segregación de la reina. "Lo he escrito yo solo. Contemple el fruto de noches de meditación y días laboriosos, en los que vigilé a las cuadrillas de pequeñas obreras como en otro tiempo había vigilado el mundo criminal de Londres", comenta el detective a su amigo Watson.

Por otro lado, Moriarty, aún más cerebral y obsesionado con las matemáticas, es el autor del libro La dinámica de un asteroide, un tomo repleto de complicadas fórmulas que explican algunos de los misterios del universo. El libro se cita en El valle del terror. Doyle también atribuye a Moriarty un tratado sobre el binomio de Newton.

Una vuelta de tuerca

En la novela El hombre en el castillo, Philip K. Dick (conocido por ser el autor de la obra en la que se basa la película Blade Runner) juega a retorcer la realidad por partida doble. La historia del libro se desarrolla en un mundo en el que los alemanes ganaron la II Guerra Mundial y son la principal potencia del mundo. En ese contexto, existe un libro de ficción que han leído varios de los personajes, La langosta se ha posado, donde se plantea cómo habría sido el mundo si hubiesen sido los Aliados y no el Eje los que hubiesen ganado la guerra. En ese falso libro se muestra un mundo parecido aunque no exactamente igual al real. Una de las principales diferencias es que allí es Inglaterra el país que se convierte en la primera superpotencia mundial.

Viajar por el espacio con una sonrisa en la cara

La novela del británico Douglas Adams La guía del autoestopista galáctico debe su nombre a un manual homónimo que está considerado herramienta indispensable a la hora de viajar por los confines del universo. La guía es uno de los elementos principales de esta cómica aventura galáctica que acabó convertida en una "trilogía en cinco partes". Se trata de un libro multimedia —el más vendido en toda la galaxia— que ofrece información supuestamente útil para desenvolverse en el espacio. En su portada puede leerse en letras grandes la frase Don't Panic (No se asuste). Los textos de la guía son a menudo hilarantes y desconcertantes. Por ejemplo, llama la atención que el artículo sobre las toallas sea extenso y exhaustivo mientras que la entrada referida al planeta Tierra conste de tan sólo dos palabras: "fundamentalmente inofensiva".

Borges, padre de libros inexistentes

Probablemente no existe ningún otro autor que haya imaginado más libros inexistentes que el argentino Jorge Luis Borges. En uno de sus cuentos, El libro de arena, imagina un libro de páginas infinitas y no correlativas. Además, una vez que se pasa una página es imposible volver a encontrarla. Este asombroso objeto que, como la arena, no tiene principio ni fin se convierte en la obsesión del protagonista de la historia. Sin embargo, es en la colección de relatos titulada Ficciones donde Borges da rienda a su imaginación y cita multitud de libros que no existen más allá de sus cuentos.

Reseñando obras imaginarias

En 1971, el escritor polaco Stanisław Lem publicó Vacío perfecto, una colección de reseñas de sorprendentes libros inextistentes. El listado de obras reseñadas incluye publicaciones tan dispares como una novela escrita totalmente con negaciones, un tratado de ética aplicada a la inteligencia artificial o la propuesta de un sistema con el cual los lectores pueden alterar a voluntad la trama de novelas famosas. Con toques de humor e ironía, Lem aprovecha para hacer mofa y crítica del abuso de tópicos literarios, de los lugares comunes de ciertos géneros e incluso de los mismos críticos. Más sorprendente aún es el ejercicio que Lem realiza en su obra Provocación, donde imaginaun libro titulado Un minuto humano, un complejo documento estadístico que se propone representar "lo que todo el mundo esta haciendo simultáneamente durante un minuto".

Prolíficos autores que nunca firmarán autógrafos

Algunos autores no sólo se molestan en fabricar libros inexistentes sino que deciden dar cierta entidad a los autores de los mismos. El norteamericano Kurt Vonnegut, por ejemplo, incluye en varios de sus libros a Kilgore Trout, un escritor ficticio al que atribuye 120 novelas y más de 2.000 cuentos cortos. Algo parecido hizo el chileno Roberto Bolaño con Benno von Archimboldi, que aparece en varios de sus libros como autor de al menos 14 obras entre las que destaca El Padre, citada en 2666. También de Bolaño es la poetisa Cesárea Tinajero, que aparece en la novela Los detectives salvajes. Por su parte, en La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón atribuye la autoría de dicho libro a Julián Cárax.

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