Aficionado “Chabelo” ha erigido santuario de la lucha libre

Aficionado “Chabelo” ha erigido santuario de la lucha libre

La vida de Eliseo Jesús Ornelas Varela tiene muchos giros: es un aficionado a la lucha libre que en sus ratos libres se convierte en réferi, sin dejar de lado su profesión como cirujano dentista...

La vida de Eliseo Jesús Ornelas Varela tiene muchos giros: es un aficionado a la lucha libre que en sus ratos libres se convierte en réferi, sin dejar de lado su profesión como cirujano dentista. Pero sobre todo es un comerciante de tacos de carnitas en cuyo negocio ha montado un santuario a la lucha libre.

Entrevistado por Notimex en su taquería, cuyas paredes lucen una colección impresionante de fotografías y máscaras del deporte de sus amores, “Chabelo”, como le gusta que le llamen, explicó que desde niño es aficionado al deporte del pancracio.

A partir de ese amor, continuó, a la taquería ubicada sobre la avenida Ferrocarril de Cintura, en la colonia Emilio Carranza, que abrió su padre en 1983 y que él heredó en 1998, decidió darle un sello distintivo, algo que demostrara su personalidad.

Recordó que la lucha libre antes era una afición no bien vista y hasta satanizada, por considerársela una actividad para gente de escasos recursos económicos, lo que cambió por acciones como la visita que hiciera a funciones el intelectual Carlos Monsiváis (1938-2010).

Su pasión, contó, le llevó a la idea de coleccionar fotografías, visitando principalmente la Arena Coliseo, en la calle de Perú, en el Centro Histórico, donde empezó a relacionarse con luchadores y con otros amantes del deporte.

Recordó que al inicio asistía con algunos amigos y colaboradores a las funciones de los martes, lo que se volvió rutina hasta que la porra Tacuba los empezó a conocer por asistir cotidianamente, por verlos martes y viernes.

Así, prosiguió “Chabelo”, fueron invitados para integrarse a esa porra, pero esta tuvo algunos problemas en los dos inmueble por la actitud de algunos de sus integrantes por lo se le prohibió la entrada a la Arena Coliseo.

Entonces, sin la porra Tacuba, él y sus amigos siguieron asistiendo a las funciones, una rutina por la que fueron identificados por la afición a la lucha, y entonces la gente se empezó a aglutinar en torno a ellos y de siete aficionados pasaron a ser un grupo de 25, naciendo la porra Tepito hace más de 16 años.

Comentó que un reportero de una revista especializada en lucha libre se le acercó hace tiempo para organizar algunas actividades como el juego de ganar-ganar, en el que él ponía la comida y el luchador obsequiaba playeras a los aficionados premiados.

“Les gustó, la gente asistió y el primer luchador que nos visitó fue Scorpio Jr. y así empezamos, cada 15 días eran esas dinámicas relacionarse con ellos fuera del ring y empezaron también los lazos de amistad con Valiente y Villano III, que son mis compadres”, dijo con orgullo.

Comentó que como parte de su afición al deporte de las llaves y las maromas lo llevaron a aprenderlo con un maestro y practicarlo, aunque no de manera profesional debido a su edad, y entonces se dio la oportunidad de ser un réferi independiente.

“La lucha libre es para los jóvenes, gente que está empezando, que tiene actitud y aptitud; en lo personal me considero con actitud, pero nuestros chavos parecen de hule, brincan alto”, expresó.

Esta misma afición, abundó el aficionado, dentista y comerciante, le llevó a coleccionar fotografías y crear una galería en su taquería, que comparte con su clientela. Son alrededor de unas 200 imágenes con distintos luchadores las que muestra, de un gran acervo fotográfico.

Recordó que la primera foto que se tomó fue con el luchador Brazo de Oro, su tocayo, quien vino a comer aquí, otra es con el Dr. Karonte. Así se empezaron a tapizar las paredes de la taquería, y ahora “ya no ponemos más fotos porque ya no hay espacio”.

En las paredes del negocio también existe una muestra de máscaras de luchadores, de las cuales la primera se la regaló el luchador Zeta, quien en alguna ocasión lo visitó para consumir carnitas y en una función se la regaló, así como el Dr. Karonte y después El Olímpico lo hicieran.

“Tenía tres máscaras, que las guardaba en mi casa, y dije aquí no las comparto con nadie y puse esa vitrina en el negocio para exhibir 148 piezas, que incluye de un luchador de Japón, llamado El Último Samurai”, precisó.

“No hay una que diga 'es mi favorita', aunque las primeras son las que tienen un sentimiento especial y originaron todo esto, pero una de las que más me gusta es la de Dr. X, y en cuanto a las imágenes, todas me gustan, pero la más difícil de conseguir fue con Hugo Sánchez, que no tiene que ver con la lucha libre, pero soy puma”, concluyó Ornelas Varela.

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