Verano en Coney Island revela al EUA más excéntrico y democrático

Verano en Coney Island revela al EUA más excéntrico y democrático

La playa y el centro de diversiones de Coney Island en Nueva York ofrecen, cuando llega el caluroso verano de la ciudad, la versión más democrática, excéntrica y divertida de Estados Unidos...

La playa y el centro de diversiones de Coney Island en Nueva York ofrecen, cuando llega el caluroso verano de la ciudad, la versión más democrática, excéntrica y divertida de Estados Unidos.

Conectada por varias líneas de metro, Coney Island es la playa más cercana y de más fácil acceso de la ciudad, por lo que cada fin de semana a partir de finales de mayo reúne a cientos de miles de personas que nadan y se asolean o se divierten en sus docenas de juegos mecánicos.

Antaño una isla que fue absorbida por el condado de Brooklyn, ahora Coney Island es un sitio que mezcla unos cinco kilómetros de playa con un parque de juegos mecánicos, un acuario, restaurantes y actividades populares como sus varios espectáculos de fenómenos.

Entre los profesionales de estos espectáculos resaltan mujeres que tragan espadas, hombres que devoran fuego, contorsionistas que se dislocan huesos y bateristas sin brazos que tocan sus tambores con baquetas sujetas por los pies.

Con una estética kitsch que evoca la década de 1950, cuando de acuerdo con algunos historiadores la zona comenzó su declive tras un gran incendio en su parque de diversiones, Coney Island es el punto de reunión por excelencia de las clases populares de la ciudad.

Entre sus actividades de mayor arraigo destaca el Desfile de la Sirena, en donde cientos de personas con disfraces que evocan a estos personajes mitológicos desfilan por las calles y por el andador de madera aledaño a la playa.

En el desfile, celebrado a mediados de junio, se pueden ver docenas de “sirenas” y de “piratas” que aprovechan la ocasión para divertirse en un ambiente de carnaval donde el exhibicionismo y la creatividad son ingredientes esenciales.

Coney Island pasó de ser una playa prístina y alejada de la ciudad hasta principios del siglo XIX a un balneario con hoteles exclusivos a una zona con burdeles y prostitución a un parque de diversión que fue abandonado luego de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, el sitio es visto como un visita cultural y antropológica obligada, donde innumerables pintores, fotógrafos, cineastas y escritores se han inspirado y a la que han rendido tributo.

Destaca el libro de Lawrence Ferlinghetti, “Un Coney Island de la mente”, que es considerado uno de los pilares de la literatura de la “Generación Beat” en Estados Unidos. Dice un verso: “es donde primero/ me enamoré/ de la irrealidad”.

Además del Desfile de la Sirena destaca también el concurso organizado por la tradicional cadena de salchichas de Nathan's para determinar al individuo que devora más perros calientes en el menor tiempo posible.

Los apodos profesionales de las personas que concursan dan una idea de las preferencias y gustos de Coney Island: Joey “Quijadas” Chestnut; Matt “Megasapo” Stonie; y Sonya “Viuda Negra” Thomas, entre otros.

Su parque de diversiones, Luna Park, además presume de contar con una de las más antiguas montañas rusas del mundo, con más de un siglo de antigüedad: una estructura de madera que en efecto se siente a punto del colapso.

De acuerdo con la exposición “Coney Island: visiones de una tierra de ensueños estadunidense, 1861-2008” organizada hace unos años en el Museo Brooklyn, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, expresó que “lo único que me interesa de Estados Unidos es Coney Island”.

Freud, en su viaje a Estados Unidos a principios del siglo XX, fue efectivamente a Coney Island, un sitio donde la irrealidad y el placer eran y siguen siendo la norma.

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