La literatura, un refugio para asumir la realidad de manera más asequible

Con la intención de aprender a escribir novela, la tapatía Ave Barrera se embarcó en la aventura de dar vida a “Puertas demasiado pequeñas”, una historia vertiginosa que concilia su gusto por Juan...

Con la intención de aprender a escribir novela, la tapatía Ave Barrera se embarcó en la aventura de dar vida a “Puertas demasiado pequeñas”, una historia vertiginosa que concilia su gusto por Juan Rulfo (1917-1986) y una vieja obsesión con una casa del arquitecto mexicano Luis Barragán (1902-1988), creadores tapatíos que apadrinan su ópera prima.

Se trata de una ficción que apela al juego de los supuestos, atrapando al lector de principio a fin, llevándolo con buen oficio a desentrañar la historia de José, un pintor atrapado en una trama que va de lo inverosímil a lo corriente, como en un mal sueño, del cual el lector no tendrá cabal comprensión hasta el final.

La idea de ésta, su primera novela, surgió justo de los silencios de Juan Rulfo, pero interpretados por la arquitectura de Luis Barragán, explicó Barrera, quien dejó claro que, en todo caso, no se trata de una novela rulfiana; su inspiración, aseguró a Notimex, fueron esas casas con grandes muros, de puertas pequeñas, ventanas pequeñas o grandes, pero que dan a patios interiores; una arquitectura muy de recogimiento, de meditación y tranquilidad.

Una casa de Luis Barragán en Guadalajara, que no está catalogada como tal, y que ella conoció cuando tenía cuatro o cinco años, al acompañar a su padre anticuario a visitar a sus clientes.

“Me escapaba a recorrer sus rincones", confiesa la autora, para quien esta ficción representó la posibilidad de regresar a esta casa y a Guadalajara, tierra que dejó hace más de una década; la reconstrucción del espacio, de la ciudad, del tiempo y de lo que representaba esa arquitectura que, según ella, reinterpreta la identidad mexicana en un nivel diferente al convencional.

Ganadora en 2013 del Premio Latinoamericano de primera novela Sergio Galindo, al que convoca la Universidad Veracruzana, la novela tuvo un pequeño tiraje como parte del premio y es hasta ahora que consiguió que fuera editada por Alianza, con distribución en España y Colombia, donde ha tenido una buena recepción.

Mientras que en México se ha ubicado ya como carta de presentación de una escritora de sólida formación y evidentes aptitudes para la intriga literaria.

Sobre cómo se gestó el texto ganador, Barrera reconoció que fue una suma de ingredientes y una serie extensa de experimentos los que le permitieron llegar a la historia que finalmente puebla estas páginas.

"Tuve que hacer muchos diferentes intentos hasta llegar a la historia que quería contar y al principio no se sabe bien de qué se está hablando, para mí fue divertido escribirlo y espero para el lector sea divertido interpretado”, señaló.

Su estructira, expuso, avanza en medio de un juego de supuestos que se fueron tejiendo por sí solos mientras “yo lo que quería era aprender cómo se escriben las novelas; fue un trabajo de aprendizaje sobre la marcha, dejé que la historia me llevara y se fue dando este esquema que una vez detectado me hizo regresar hasta dejar bien armado el rompecabezas”.

El texto fue presentado en la Feria del Libro de Tijuana, donde la recibieron muy bien, tal como ha ocurrido dentro y fuera del país, lo cual tiene muy satisfecha a Barrera, para quien es una novela muy querida, la cual espera se traduzca a otras lenguas para que se siga leyendo más allá de las fronteras.

"Me parece increíble que la lean y les resulte familiar lo que le sucede al personaje y sus peripecias, en lugares como Colombia y España, donde ha salido en muchos blogs y he recibido muchos comentarios, estoy muy contenta con ello", añadió Barrera, quien ya comenzó a escribir su siguiente trabajo, el cual, adelantó, sigue sus propias reglas y nada tiene que ver con lo que hizo en "Puertas...".

"Yo creí que después de la primera novela la siguiente sería más fácil pero si algo he aprendido es que más allá de lo que tengas en mente, son las historias las que te dicen cómo quieren ser contadas", abundó la escritora, quien está segura de que por el momento seguirá escribiendo en el terreno de la ficción.

"Para mi la literatura -dijo- es como un refugio, una manera de vivir, una posibilidad que no necesariamente me hace huir de la realidad, sino asumir de manera más asequible la espantosa realidad que vivimos, creo que, por ejemplo, no podría escribir periodismo, se me dificulta mucho escribir textos de no ficción, enfrentar la realidad de una manera directa". 

La literatura, abundó, le permite reinterpretar el golpe de realidad de una manera más amable y seguir la agenda que determinan sus hallazgos y la curiosidad que es la que la va llevando de una inquietud a otra, siempre del lado de la ficción, "la realidad, cuando pueda con ella, no sé si un día pueda escribir de la realidad, me parece que es muy duro, yo por lo pronto me declaro incapaz", admitió. 

Y quizá por eso, por ahora, la experimentación de la también editora está en terrenos como las narraciones infantiles, como "Una noche en el laberinto", algunos libros con temas prehispánicos como los que trabajó en la Fundación Armella, y "21 mil princesas", un género distinto, que empezó siendo un libro de artista al lado de Lola Horner, y que a partir de las reflexiones conjuntas derivó en la reescritura de cuentos de hadas, presentados como nota roja. 

Lo que escribe ahora, adelantó Barrera, quien también da clases en un taller de narrativa de la Universidad Iberoamericana y hace traducciones, es algo muy distinto a "Puertas...", un ejercicio que intenta un diálogo con la literatura de mediados de siglo, a partir de una especie de revisión de autores que son como sus abuelos literarios, una novela que tiene que ver con Salvador Elizondo.

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