Niños sordos mexicanos buscan hacer “jonrón” en EUA

Niños sordos mexicanos buscan hacer “jonrón” en EUA

En uno de los seis campos de béisbol de la Liga Olmeca, al sur de la Ciudad de México, unos 55 niños, la mayoría sordos, tejen con alegría el sueño de llegar pronto a ser profesionales y jugar en...

En uno de los seis campos de béisbol de la Liga Olmeca, al sur de la Ciudad de México, unos 55 niños, la mayoría sordos, tejen con alegría el sueño de llegar pronto a ser profesionales y jugar en Grandes Ligas.

Ahí, sobre la arena del “infield” y lejos del bullicio y frenesí del Periférico, una de las vías de circulación más amplia de esta urbe, los pequeños beisbolistas entrenan todos los viernes porque el propósito de 2017: hacer un gran “jonrón” y competir en Ohio, Estados Unidos.

Se trata de un campamento para niños con algún grado de hipoacusia (sordera), comentó Andrea Vélez Aguilar, directora de Olmeca Soy, quien argumentó que el mayor reto para los menores es aprender la lengua de signos americana (ASL, por sus siglas en inglés) para comunicarse durante su estancia en aquel país.

La sordera es una discapacidad que afecta a casi 700 mil personas en México, revela el último Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Estos datos colocan a la discapacidad auditiva en tercer lugar a nivel nacional, con 12.1 por ciento; tan solo después de la vista, 27.2 por ciento, y caminar o moverse, 58.3 por ciento.

La especialista explicó que quienes sufren de algún grado de pérdida auditiva, ya sea por algún problema de nacimiento o durante el desarrollo de la vida, presentan alteraciones en la adquisición del lenguaje y aprendizaje.

Por esta situación, indicó, los niños y jóvenes sordos son relegados de la oportunidad de recibir una educación de calidad e integrarse a una actividad deportiva, cultural o social. “Muchos de ellos enfrentan las burlas y el rechazo de su entorno”, lamentó.

Pero el ambiente del campo dos de la Liga Olmeca es diferente porque todos hablan el mismo lenguaje: el del béisbol. Aquí todos los pequeños, tanto sordos como autistas y/o con problemas de lenguaje, “pichan”, “cachan” y dejan “batear” por igual.

Eduardo, de 14 años, llegó el pasado viernes con una férula en el brazo derecho. Parecía que el número 9 de los “Osos LSM” se quedaría en las gradas para ver entrenar a sus compañeros, pero decidió tomar el bate, entrar al campo y demostrar su pasión por este deporte.

Con ayuda de un traductor de Lengua de Señas Mexicanas (LSM), el jardinero expuso a Notimex que de pequeño le era difícil jugar béisbol, sin embargo, su entusiasmo lo llevó a continuar, hacer ejercicio y conocer más amigos sordos.

“Me gusta y quiero seguir aprendiendo sin importar que gane o pierda, lo importante es jugar”, enfatizó el adolescente, quien con una sonrisa manifestó su deseo por jugar algún día con los Diablos Rojos del México.

Aunque para aquellos con alguna discapacidad resulta complicado incorporarse a alguna actividad deportiva, Eduardo subrayó que: “todo es posible porque siempre pueden encontrarse alguien dispuesto a ayudar, amigos para jugar y quieren incluirte”.

Como para cualquier niño, dijo Vélez Aguilar, el juego es fundamental para tener un adecuado desarrollo emocional, social y cognitivo. El béisbol, por ejemplo, los ayuda a trabajar en equipo, sentirse incluidos y aprender a comunicarse de “manera natural” en el mundo al que diario se enfrentan.

Cada avance, movimiento y gesto de los 55 menores está siendo documentado por los expertos de la Liga Olmeca Soy.

Sara Soltero de la Rosa, encargada de la Dirección de Metodología del Entrenamiento Deportivo de dicha asociación, explicó que en las prácticas toman fotos y videos para después analizarlos bajo el método ADD -Aprender, Desarrollarse y Divertiste-.

Detalló que está investigación es respaldada por el conocimiento de psicólogos, pedagogos y sociólogos de las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM) y Autónoma Metropolitana (UAM), con el objetivo de conocer cómo las reglas de esta actividad física ayudan a mejorar la calidad de vida de los niños.

Otros estudios han demostrado que el deporte disminuye el estrés, mejora la salud, aumenta las habilidades motoras y ayuda al desarrollo de virtudes individuales -confianza en uno mismo, disciplina, responsabilidad- y sociales -comunicación, compañerismo y trabajo coordinado-.

“Ellos deben aprender a desenvolverse como individuos, sin dejar a un lado la alegría de vivir”, resaltó Soltero de la Rosa, quien refirió que los primeros resultados son ya notorios después de año y medio de haber empezado.

La evolución de los niños sordos es tan visible que hoy buscan jugar con quienes tienen mejores condiciones de salud y algunos pequeños con autismo se han desprendido poco a poco de sus papás. “Vemos que se vuelven autosuficientes, hay inclusión entre ellos y tienen más gusto por el béisbol”, ejemplificó.

A Hannah, de 10 años, le entusiasma entrar al campo porque la llena de más alegría y la lleva a correr y batear hasta cansarse. “Es bueno tener amigos de diferentes formas. Yo nunca les hago burla, los respeto y los quiero. No importan que sean diferentes, para Dios todos somos iguales”, añadió la número 21 del equipo “Dragones”.

Un grupo de papás fundó hace más de 50 años la Liga Olmeca. Durante este tiempo ha destacado en competencias infantiles y juveniles de México y, como parte de su responsabilidad social, surgió Olmeca Soy para promover la inclusión y mejorar las condiciones de vida de grupos vulnerables.

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