Poeta cubano en Toronto explica su desencanto por Fidel Castro

Perteneciente a la generación de la Revolución cubana, hijo de cubanos “acomodados” que dieron sus propiedades al triunfante Estado comunista, el poeta “Alejandro”, ahora desde su segunda patria...

Perteneciente a la generación de la Revolución cubana, hijo de cubanos “acomodados” que dieron sus propiedades al triunfante Estado comunista, el poeta “Alejandro”, ahora desde su segunda patria Canadá, reflexiona sobre su desencanto por la utopía de Fidel Castro.

En entrevista con Notimex, el escritor, quien prefirió identificarse sólo con el seudónimo de Alejandro, dijo que nació en 1972, en el núcleo de una familia de profesionistas acomodados que entregaron sus propiedades a la causa revolucionaria.

La Revolución le dio una profesión, pero en la medida que fue creciendo se volvió más crítico de ella.

“Tuve la dicha de que mis padres no me hicieron creer que lo importante era Fidel Castro, sino una persona que estaba representando la Revolución, que era lo importante. Mi ídolo era la Revolución”.

“Vivir en Cuba es como cuando vives en un círculo cerrado, todo tiene lógica siempre y cuando creas en esa lógica, pero si no, la vida se te hace insoportable”, dijo este cubano, quien aclaró que nadie se alegra porque alguien muera, y reconoció que “parte de mi país va a llorar la muerte de Fidel”.

En su libro de poesía (“Desarraigo”) publica uno de sus poemas escritos durante su estancia en La Habana cuando comenzaba a ser crítico del sistema: “Entonces mi casa era la casa de todos, la sociedad de todos me lo daba todo, me lo daban también mis padres y yo ignoraba todo”, dijo.

Agregó que “lo demás vino después, cuando la vida comenzó a contener violencia, sexo y lenguaje de adultos”.

Alejandro detalló que en la calle donde vivía había un comité de defensa de la revolución, donde un individuo daba referencia al Estado sobre el comportamiento de los vecinos, todo lo que las autoridades deben saber de ellos.

“Eso está bien, crees que vives en el mejor de los mundos, pero cuando dejas de creer que la sociedad está basada en un principio justo, eso es el peor infierno”.

En otras palabras, dijo, “vivir en Cuba bajo la ideología te hace aceptable, pero si dejas de creer ya es insufrible”.

Al referirse a la libertad de expresión señaló que eso entre los cubanos revolucionarios no tiene importancia “cuando crees en la revolución, lo importante es la libertad de tu país”.

Sin embargo ahora, a 12 años de haber dejado la isla, sostiene que “no puede haber libertad nacional si no hay libertad individual, no es posible que 11 millones de habitantes sean libres, si cada uno no es libre”.

Resaltó esto como “la gran contradicción del sistema”, porque el gobierno cubano habla de la libertad del país, como una unidad, como si la persona no tuviera un poder de decisión propio.

El poeta recordó que al “Che” Guevara le preguntaron que si él no consideraba que el socialismo anulaba la personalidad de la gente, a lo que respondió que no, porque la Revolución era hecha por personas.

El autodenominado emigrante económico tardó una década en tratar de salir de la isla. No pudo conseguir el sueño americano, vivió en España y ahora radica en Toronto.

Este cubano, que en su poesía define a sus padres como “cuadros del Partido” y a los aeropuertos como “huecos negros donde ves desaparecer a la gente que quieres”, confiesa que el proceso de dejar de creer en la Revolución fue largo, de idas y venidas, una cadena de desencanto.

“Fuimos criados con la idea de que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, pero cuando cae el mundo socialista, mi primer salario fueron 148 pesos cubanos al mes (98 centavos de dólar). Después de haber estudiado siete años, ganaba una lata de coca cola”.

En su opinión el presidente electo estadunidense Donald Trump es “una especie de Fidel de la derecha, un demagogo, populista, manipulador de masas”.

Con la llegada del republicano, dijo, ha sido destruida una coyuntura histórica favorable para las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Ahora sin Fidel, Cuba tiene dos caminos: cambiar o encausarse hacia un modelo chino de capitalismo monopolista de Estado, donde el Partido Comunista no permitirá liberación política pero sí económica, que podría generar una clase media con independencia política, señaló.

El escritor reconoció que para muchos cubanos su vida es un desastre por culpa de Fidel, mientras que para otros es lo mejor que les ha pasado en su vida, pero puso el énfasis en que “la gran excusa cubana, para bien o para mal, ya se ha acabado, ya estamos en el día después. Fidel no existe más”.

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