Museo Comunitario rinde tributo a víctimas de la guerra en Colombia

Un árbol con los nombres de las víctimas de la guerra en cada una de sus hojas verde olivo, está en el centro de una de las salas del Museo Comunitario de San Jacinto, en el caribe colombiano. Es...

Un árbol con los nombres de las víctimas de la guerra en cada una de sus hojas verde olivo, está en el centro de una de las salas del Museo Comunitario de San Jacinto, en el caribe colombiano. Es símbolo de vida, es memoria histórica de la barbarie de la violencia en Colombia.

Este singular museo se encuentra en la plaza central de San Jacinto, un pequeño pueblo de artesanos de hamacas, mochilas y gaitas (instrumento musical de viento), ubicado en la parte baja de los Montes de María.

Una zona donde los señores de la guerra, masacraron por años a miles de su gente, pero nunca pudieron asesinar su espíritu y sus corazones.

Este proyecto cultural está bajo la dirección de Jorge Quiroz, un hombre que vivió en el exilio por más de 15 años, huyendo de la muerte que impusieron en la zona los paramilitares de extrema derecha, con el aval de agentes del Estado y por las propias guerrillas que operaban en la región.

Montes de María un territorio estratégico para la guerra, para el narcotráfico, el contrabando de armas, gasolina, que fue asolado por masacres, asesinatos selectivos, desplazamientos masivos, que asaltaron su cultura, sus talleres y el sonido de las gaitas.

“San Jacinto y todo la zona de Montes de María, era un remanso de paz, todo el mundo convivía en paz y aquí le damos la bienvenida a todas las personas que llegaban a nuestro territorio a conocer nuestra riqueza cultural con su música, danzas, nuestras gaitas, mochilas y hamacas”, contó a Notimex el director del museo, Jorge Quiroz.

Quiroz hace una pausa y se ubica al lado del árbol en el centro de la sala, en la segunda planta del Museo Comunitario de San Jacinto, para continuar su relato: “(...) Años después llegó la violencia a los Montes de María y solo nos dejó desolación, muerte y desconfianza”.

“Muchas personas del pueblo se vieron obligadas a huir de la violencia y no han vuelto a sus territorios. Yo me tuve que ir del pueblo por muchos años, pero regrese porque tenía enraizado mi pueblo y mi región de Montes de María”, dijo.

“La violencia y sus efectos “nos hicieron partir. Como consecuencia, el museo se vio expuesto a desaparecer, pero la comunidad lo resguardó y conservó el acervo arqueológico y documental que con el tiempo fuimos recuperando”, señaló.

Quiroz regresó del exilio después de 15 años de vivir en Ecuador, Paraguay, Emiratos Árabes y Estados Unidos, para retomar la dirección del museo que abrió sus puertas por primera vez en 1984, cuando aún la violencia no había llegado con tanta ferocidad a estos territorios, como se dio a partir de mediados de la década de los años 90 del siglo pasado.

“Este museo -explicó- hace parte de la reparación de las víctimas”.

En la segunda planta de esta casa, que fue construida hace 107 años, se habilitó un espacio para la Sala Memoria, para contar con fotografías, libros, y otras reseñas biográficas, lo que sufrió la gente de Montes de María con la violencia.

Pero el árbol en el centro de la sala, es el principal símbolo de la memoria porque en cada una de sus hojas verde olivo, están estampados en letra negra dos nombres de víctimas con las edades que tenían al momento de su asesinato.

“Este árbol es un homenaje a las víctimas, es un reconocimiento por ese sufrimiento vivido en épocas de la violencia”, subrayó Quiroz, mientras tocaba suavemente las hojas del árbol de la vida y la muerte, del pasado y presente.

El Museo Comunitario de San Jacinto, es “un gesto de paz para toda Colombia”, añadió.

Este espacio cultural, que empieza a resurgir en estos tiempos en que las guerrillas de las FARC han silenciado los fusiles y Colombia busca un gran Acuerdo Nacional, para una paz estable y duradera.

El director del proyecto -después de contar el significado del árbol de la vida- describió las otras salas de la Casa Museo, en donde se concentra la historia de San Jacinto, como primer centro de artesanía del Caribe Colombiano, y cuna de los Gaiteros, una música que ya fue reconocida en los Premios Grammy y galardonada con un Congo de Oro.

En la primera planta está la sala de San Jacinto, en la que se explica el grupo social que dio origen a los materiales hallados en las excavaciones que se hicieron en el pueblo, y las historias que se tejieron a través de este trabajo arqueológico.

En este espacio están las cerámicas provenientes de las excavaciones en San Jacinto, que tienen aproximadamente seis mil años de antigüedad posicionándose como una de las cerámicas más antiguas del continente Americano.

En esta sala “se contextualiza la sociedad Zenú y su relación con los Montes de María, previo a la ocupación Malibú. El visitante también tiene la posibilidad de acercarse a los procesos de poblamiento y sedentarización de la Costa Caribe”, señaló el director del museo.

La Vida Malibú, es la otra sala en donde hay una muestra de los antiguos habitantes indígenas de los Montes de María, denominados por los españoles a su llegada como Malibú (señores).

Los Malibú, representan un legado cultural “que trascendió por generaciones hasta hoy. La sala nos acerca a su vida cotidiana a través de las piezas arqueológicas adscritas a la colección del museo, donde el visitante tiene la posibilidad de evocar algún recuerdo de su espacio, su territorio y sus costumbres”, expuso Quiroz.

Cada vitrina, añadió, “permite una relación de las creencias, actividades, e imaginarios del presente y su relación con los objetos del pasado. Aprendiendo reconocerás que nuestro día a día, es una herencia de nuestros antepasados, y una mezcla de distintas condiciones históricas”.

La tradición artesanal es la sala que enmarca “el universo de las mujeres de la región de los Montes de María. La elaboración de hamacas es un saber que se ha transmitido de una generación a otra: de abuelas a nietas, de madres a hijas, de tías a sobrinas desde hace algunos miles de años y así continúa en nuestros días”, señaló.

La sala de la Gaita, indicó, es un espacio “que invita a propios y visitantes a reconocer y valorar la importancia y trascendencia de esta expresión de nuestro folclor en el ámbito local, nacional e internacional. Además de ser una fuente didáctica que tiene como fin la investigación, educación y conservación de nuestras tradiciones”.

San Jacinto, con su Museo Comunitario, con las tejedoras de hamacas y mochilas que se exhiben a uno y otro costado de las vías, con sus grupos de gaiteros y su cultura Malibú y Zenú, hace parte del programa de promoción de nuevos destinos turísticos: Colombia en paz: ¡Seguro te va gustar!.

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