Activistas mexicanas alzan la voz por transgénero latinas en EUA

El reconocimiento del que comienza a gozar la comunidad transgénero en Estados Unidos no ha detenido el acoso, discriminación y violencia homicida que sufren a diario las mujeres transgénero de color...

El reconocimiento del que comienza a gozar la comunidad transgénero en Estados Unidos no ha detenido el acoso, discriminación y violencia homicida que sufren a diario las mujeres transgénero de color en Nueva York, denunciaron activistas mexicanas.

La mayor aceptación social de la comunidad transgénero en Estados Unidos resulta evidente por la popularidad de programas de televisión como Orange is the New Black y Transparent, o por la pública transición de género de un medallista olímpico, ahora llamada Caitlin Jenner, convertida en celebridad.

El cambio se nota, además, en los boicots masivos a los estados que rechazan la disposición federal para permitir a menores escoger el baño del género con que se identifiquen, y con propuestas como la del estado de Nueva York para ofrecer hormonas a adolescentes en transición.

La experiencia para las mujeres transgénero latinas y afroamericanas, sin embargo, es muy diferente de lo que vemos en la televisión o en el discurso público, de acuerdo con Brooke Cerda, activista mexicana nacida en Guadalajara, y quien emigró en la década de 1990 a Estados Unidos.

“En los últimos cinco años he visto que, al contrario de lo que pueden sugerir las apariciones de mujeres trans en los medios de entretenimiento, las cosas son peores para las mujeres trans de color en Nueva York y en todo Estados Unidos”, afirmó la activista.

Cerda, con un canal de YouTube donde realiza programas regulares, así como con una lista de correos donde estima las agresiones contra mujeres transgénero en Estados Unidos, opina que un ejemplo del olvido de las mujeres trans en Nueva York es la falta de un centro comunitario para esta comunidad.

Señala que los avances para las mujeres transgénero en Estados Unidos han sido sólo para la población blanca, igual que los triunfos registrados en los años recientes por el movimiento LGBT (Lesbiana, Gay, Bisexual y Transgénero) en este país.

“A nosotras el matrimonio igualitario o el uso de los baños que prefiramos nos tiene sin cuidado. Nuestras necesidades son tener un hogar, un trabajo donde no nos discriminen, seguridad en las calles y contar con unas autoridades que nos respeten”, apuntó.

Según Cerda, se han registrado 22 homicidios contra mujeres transgénero en Estados Unidos en 2016, lo que casi iguala las 23 muertes reportadas durante el año pasado. La gran mayoría de estas muertes son de mujeres transgénero afroamericanas o latinas.

Este cálculo, precisó la activista, es conservador debido a que las autoridades a menudo reportan estas muertes con el nombre masculino de una mujer transgénero.

Bianey García, activista de la comunidad transgénero del organismo civil Se Hace Camino Nueva York, ha vivido en carne propia la discriminación. Originaria del estado de Veracruz, García emigró a Nueva York a los 15 años sin contar con ningún familiar en la ciudad.

“El acoso de la policía es constante y muy difícil de evitar. Encima tenemos el problema de no contar con documentos, de que no sabemos el idioma y de que nos discriminan al querer rentar un departamento o conseguir un empleo, en especial nuestra propia gente latina”, señaló.

Luego de pasar 18 meses en una de las más violentas cárceles del país (Rikers), acusada de agredir a un hombre que la atacó, García comenzó a realizar su trabajo en favor de una comunidad que a menudo es ignorada o agredida.

De acuerdo con los cálculos de Se Hace Camino Nueva York, se han reportado este año 14 crímenes de odio contra personas transgénero tan sólo en el barrio de Jackson Heights, en el condado de Queens, que es uno de los enclaves de la comunidad LGBT latina en la ciudad.

Según los testimonios recabados por el organismo en que García labora, la mayoría de los ataques contra mujeres transgénero en Jackson Heights provienen de hombres latinos. Esa violencia, sin embargo, no parece ser un tema que traten los activistas LGBT anglosajones.

“Hay mucha separación entre nosotros mismos como comunidad, lo que complica mucho nuestras batallas. Por ejemplo, un chicho gay blanco y una mujer translatina no tienen prácticamente puntos de contacto, somos como el agua y el aceite”, lamentó.

Las realidades opuestas quedaron también de manifiesto en un artículo publicado en septiembre pasado en el diario The New York Times con el testimonio de Natasha Martin, una mujer transgénero afroamericana que ha sido detenida 14 veces, acusada de prostitución o vagancia por la policía.

El artículo, escrito por la reportera Ginia Bellafante, enfatizó que casos como el de Martin son también ignorados por activistas feministas que impulsan el empoderamiento de las mujeres.

“La vigilancia de la sexualidad femenina es algo de lo que las mujeres burguesas hablan a menudo, con poco entendimiento de que lo que en buena medida existe como metáfora en su vida permanece, para las mujeres pobres, una vigilancia muy literal y que criminaliza”, puntualizó Bellafante.

Las mexicanas García y Brooke refieren una realidad similar, en que el acoso es permanente y la obtención de un lugar de reunión es un sueño distante, aún demasiado lejos del abstracto debate público o del glamour mostrado por las actrices o las celebridades transgénero en Estados Unidos.

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