Hijo del Gladiador comparte 30 años de experiencia con nuevos luchadores

Arturo Beristain sufrió para ser luchador profesional, pero todos los conocimientos adquiridos en más de 30 años los comparte con jóvenes, algunos a quienes critica porque quieren “comerse el mundo...

Arturo Beristain sufrió para ser luchador profesional, pero todos los conocimientos adquiridos en más de 30 años los comparte con jóvenes, algunos a quienes critica porque quieren “comerse el mundo muy rápido”.

El exluchador, quien alcanzó el éxito con los nombres de Talismán e Hijo del Gladiador, tuvo su primer contacto con el arte del pancracio a los siete años y a través de la televisión, cuando veía a Black Shadow y a El Santo en blanco y negro.

Oriundo del barrio de la Merced, lo mismo que su ídolo Luis Ramírez (El Gladiador), recordó en entrevista con Notimex lo complicado que fue alcanzar su sitio como profesional, “era difícil porque había mucho celo y envidia en ese tiempo”.

“Aprendí recio, el Súper Halcón era luchador olímpico panamericano, nos ponía unas revolquizas a mí y al Búfalo Salvaje, pero nosotros nos desquitábamos en la profesional, solo así aprende uno”, comentó.

Tras presentarse en la Ciudad de México como profesional poco a poco escaló a los sitios estelares en El Cortijo y la Arena Coliseo, y ya con el nombre de Talismán alcanzó la fama, incluso ganó máscaras y cabelleras hasta que se topó con Atlantis, quien lo desenmascaró en 1984.

“Creo que en esa época era El Santo del CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre)”, expresó orgulloso por tantos triunfos logrados, y ya sin máscara recuerda que la afición lo aceptó muy bien, hasta que en una “salida de bandera” se fracturó el peroné; tras ser operado estuvo fuera de acción cuatro meses.

“Me desaparecí, fui a Monterrey y cuando regresé lo hice como Hijo del Gladiador, él era mi ídolo y agarré ese nombre”, con el que desenmascaró a Sangre Guerrera, fue campeón de tríos con la “Ola blanca” y en agosto de 2000 dio a conocer su identidad ante Rencor Latino. Perdió la cabellera tres veces y luego se retiró.

“Luché en mi carrera con el papá de Mano Negra, con Mano Negra y con su hijo; con Rayo de Jalisco, Aníbal, El Santo, Solitario y sus hijos, con los mejores profesores que me corregían a mí”, subrayó.

Con más de 10 años fuera de la actividad y ahora como maestro en el CMLL, analiza su carrera profesional y se muestra satisfecho, “sufrí para aprender, pero eso lo transmito a la nueva generación, no soy egoísta”.

Dejó en claro que una de las bases para ser profesional es aprender la lucha olímpica, lo cual muchos jóvenes no quieren y llegan con el objetivo de volar y alcanzar el estrellato, pero sin la preparación requerida.

“Ahora es más fácil ser luchador. A los que llegan les empiezo a dar acondicionamiento, lucha olímpica, profesional, que sepan caer, hacer llaves, volar, hacer caídas. Unos se desesperan, quieren hacer lo de Místico, Volador, por qué no dicen que quieren luchar como Blue Panther”, aseveró.

Indicó que muchos luchadores “quieren comerse el mundo rápido, pero esto no es de resistencia, es de trote”, lo cual hizo y estaría dispuesto a repetir si volviera a nacer, “claro que sí, ser luchador, profesor, amigo de mis compañeros”.

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